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Me perdono

El primer domingo de mayo se celebra el Día de la Madre en España. Este día, las mamás o futuras mamás recibimos muchas felicitaciones y regalos. También aprovechamos para dar las gracias a nuestras madres por todo lo que han hecho por nosotros, que no es poco.

Pero este año, quiero celebrar el Día de la Madre perdonándome. Me perdono por todos los errores que he cometido como madre. Pero sobretodo, me perdono por todo aquello que he descuidado por ser madre.

Cuando te conviertes en madre, tu mundo deja de girar en el sentido de la vida que conoces. Tu mundo comienza a girar en un sentido desconocido, con el epicentro en un bebé. Un bebé que no sabe nada de tu vida, ni de la sociedad en la que vives. Un bebé que se rige por instintos. La vida se vuelve más salvaje, caótica y primitiva, como lo es tu bebé.

Y te encuentras en ese mar de emociones e instintos primarios, pero no quieres dejar de ser quien eras. Es entonces cuando aparece el conflicto contigo misma. Porque realmente has dejado de ser quien eras, para ser una versión más completa y consciente de ti misma. Quieres seguir siendo una buena trabajadora, buena ama de casa, buena hija, buena esposa, buena amiga… y llegar a todo, cómo lo hacías antes. Pero no lo consigues y es muy frustrante.

En estos años de maternidad he aprendido que hay momentos (meses, años, décadas…) en la que prima un ámbito de tu vida. Hay épocas de la vida en la que te centras en el trabajo. Otras en las que tus amigos y amigas son lo más importante. Y otras en las que, quizás, tengas que centrarte en tu familia. Durante los primeros años de maternidad, lo que prima es el desarrollo y crecimiento de tu hijo. Él o ella es tu proyecto más importante.

Aunque no nos guste, esto implica descuidar otros aspectos de tu vida. Y no pasa nada por ello. Es cierto y hay que decirlo. La gente que te quiere, te respetará y, algunos, lo entenderán. Pero lo más importante es aceptarlo uno mismo. Aceptar que no vas a poder llevar el ritmo de antes, ni tener tiempo par ciertas cosas o personas. Aceptar que todo es temporal y que hay que abrazar las nuevas etapas de la vida, sin reproches. Aceptar que eres madre y perdonarte. Yo me perdono.

Volver a empezar

Hay quienes se toman el mes de enero como punto de partida para proponerse nuevos objetivos, cambiar hábitos o mejorar algún aspecto de su vida. Para otros es el mes de septiembre, con el comienzo del curso escolar, el que da el pistoletazo de salida a todos estos buenos propósitos y nuevos proyectos. Y para algunos, en el que me incluyo, ese momento comienza después de cerrar una etapa dolorosa de tu vida.

Por muy color de rosa que te empeñes en ver la vida, los obstáculos y los momentos difíciles de abordar nos acompañan y nos golpean sin previo aviso. Forzándonos a aprender y a improvisar, intentando tomar las mejores decisiones. Son momentos de introspección y reflexión.

Para mí comienza ahora una nueva etapa, en el mismo lugar, con la misma gente pero con una actitud nueva y renovada. Sabiendo que el camino que tengo delante no es fácil pero con ganas de afrontarlo. Con ánimo y con ilusión. Hoy miro al exterior, al mundo, nuevamente con mis gafas verdes, las que me hacen ver la vida color de rosa. Será rosa palo, rosa fucsia, rosa empolvado, rosa salmón, rosa bebé, rosado, rosa frambuesa o el tono que sea, pero para mí, y así me gusta transmitirlo, es color de rosa. Y si con mi actitud puedo contagiar una sonrisa, merece la pena.

Los ‘po ya que’ más comunes durante el confinamiento.

Llámese ‘po ya que’ o ‘pues ya que’ a toda acción realizada por asociación a otra actividad previa. Por ejemplo, necesitas un pantalón y vas a una tienda. En la entrada ves la mesa que tiene las prendas en oferta. Tú la miras y piensas: – Pues ya que estoy aquí, voy a echar un vistazo por si me llevo también una camiseta. Los ‘po ya que/pues ya que’ los hacemos de forma automática, sin pensarlos demasiado, intentando aprovecharnos de las circunstancias.

Durante estos meses de confinamiento, sin apenas salir de casa… nuestra mente e inventiva se han agudizado para mantenernos activos. Lo que ha sido una pesadilla para unos, se ha convertido en una oportunidad para otros. Los ‘po ya que/pues ya que’ han surgido una y otra vez. Porque ahora que hemos tenido tiempo… Estos han sido los ‘po ya que’ más recurrentes en mi entorno durante el estado de alarma.

PO YA QUE…. no podemos salir de casa, vamos a hacer la limpieza a fondo. Hay quien ha ido habitación por habitación haciendo limpieza y tirando, sin piedad, lo que ya no necesitaba o estaba en mal estado. Los que lleva al segundo ‘po ya que’.

PO YA QUE…. estamos limpiando, vamos a aprovechar y le damos una manita de pintura, que hace falta. Y, así, muchos volvieron a recorrer cada instancia brocha en mano, aprovechando la coyuntura.

PO YA QUE… no puedo ir de bares. Voy a habilitar mi patio-balcón- terraza para poder tomarme un café o una cerveza al aire libre. De este modo, surgieron habilidades hasta entonces desconocidas como decorador de interiores, jardinero, carpintero, pintor… Y, por supuesto, subiendo el paso a paso en redes sociales. La otra cara de este ‘po ya que’ es la versión familiar. La de habilitar este zona para que tus hij@s puedan jugar en un espacio abierto.

PO YA QUE…. tengo tiempo, voy a ver esta peli que tengo pendiente, leer tal libro o hacer un maratón de mi serie o saga favorita. Además, después de la limpieza general aparecieron objetos de los que ni te acordabas pero que ‘po ya que’ los has sacado, durante unos días vuelven a ocupar nuestro tiempo. Así, por ejemplo, se han vuelto a hacer puzzles, pintado con acuarelas o escuchado cds antiguos.

PO YA QUE… no voy a ir a ninguna parte, y nadie me va a ver… no me voy a maquillar, ni peinar, y aquí podríamos sustituir estos ejemplos por multitud de opciones como: no depilarse o afeitarse, no lavarse el pelo, no quitarse el pijama, no cambiarte el chándal en una semana, etc.

Y del pasotismo extremo, pasamos al último ‘po ya que’ de la lista, el boom del autocuidado.

PO YA QUE…. tengo tiempo, voy hacerme esta mascarilla facial o capilar, exfoliarme la piel, intentar cortarme el pelo, manicura o pedicura casera, hacer ejercicio en casa diariamente, meditar, darme un baño relajante y un largo etcétera. Los tutoriales de YouTube subieron el número de visualizaciones de forma meteórica.

Seguro que me he dejado algún PO YA QUE en el tintero. ¿Te ha pasado a tí también? ¿Cuántos de la lista has puesto en práctica?

Cuando todo esto acabe.

Cuando todo esto acabe, quiero pensar que no correremos todos como caballos desbocados a recobrar la misma vida que teníamos antes. Quiero pensar que no nos dejaremos arrastrar por campañas publicitarias que nos inciten a una vida superficial. Quiero pensar que, cuando todo esto acabe, habremos aprendido algo y nuestra vida será más rica y plena.

Espero que hayamos aprendido que sólo necesitamos productos básicos para vivir, que reutilizando materiales que tenemos en casa podemos crear el mejor de los juegos o la obra de arte más divertida, que un mensaje o videollamada no es capaz de reemplazar un abrazo, una caricia o esa mirada de complicidad. Espero que hayamos aprendido que la cultura y el ejercicio físico son indispensables para nuestro bienestar emocional, y le demos el lugar que merecen en nuestra vida y nuestra sociedad.

Cuando todo esto acabe, espero que la familia y amigos nos ocupen más tiempo al día que navegar en internet o hacer compra online. Y que da igual nuestro atuendo o nuestro peinado, porque lo realmente importante es el amor, las risas y el respeto.

Espero que las prioridades hayan cambiado y nos hayamos dado cuenta de que agotar los recursos del planeta sólo nos lleva a la extinción. Y tras nuestra extinción la naturaleza recuperará su sitio y no seremos más que una especie que un día intentó dominar algo más grande que él y fracasó. Que hayamos aprendido que los pequeños gestos individuales pueden cambiar el curso de nuestro destino.

Espero que hayamos aprendido a valorar el trabajo que realmente importa, el trabajo que aporta valor a la vida. Agricultores, ganaderos, electricistas, fontaneros, barrenderos, limpiadores, médicos, enfermeros, cuidadores, farmacéuticos… y un largo etcétera. Y que nos sirva para ponernos las pilas y aprender a ser autosuficientes, en la medida que podamos serlo.

Cuando todo esto acabe, espero que los líderes mundiales (o al menos la mayoría de ellos) hayan aprendido que somos un único pueblo, y que debemos apoyarnos y cuidarnos para una convivencia pacífica y sostenible. Que la naturaleza no distingue pueblos, ni países, ni economías.

Sin extenderme más, cuando por fin hablemos de esto en tiempo pasado, espero que seamos más humanos, más humildes y, al mismo tiempo, más profundos.

La capacidad de maravillarnos

Alguien me dijo una vez que volviera a mirar con los ojos de niño. ¡Cuánta razón tenía! Ahora veo la cara de mi hijo y cómo le brillan los ojos cuando descubre algo nuevo, y me embriago con esa sensación. El mundo es totalmente nuevo para él y se asombra cada día con las maravillas que tiene ante él, maravillas que para nosotros son pequeñeces sin importancia: un avión al pasar por el cielo, una fuente emanando agua, unas pompas de jabón, un aspersor en funcionamiento, una mariquita en una hoja… ¿cuándo perdimos los adultos nuestra capacidad de maravillarnos?

Nosotros, los adultos, con nuestro ritmo frenético, nuestro consumismo compulsivo y nuestras preocupaciones hemos perdido nuestra capacidad para asombrarnos. Tenemos tantas cosas y nos movemos a tal velocidad que no apreciamos las verdaderas obras de arte que están a nuestro alrededor. Algunas nos las regala la naturaleza y otras han sido diseñadas y elaboradas por mentes privilegiadas. La capacidad de maravillarnos es muy importante para ser feliz. Pues nos ayuda a apreciar la belleza y la genialidad de lo cotidiano, de las pequeñas cosas de la vida. Nos regala sonrisas y momentos entrañables. Nos relaja y nos llena de energía.

La clave para volver a mirar con los ojos de niño es detenerse, agudizar los sentidos y disfrutar. Por ejemplo, mi hijo ha descubierto una fuente en el parque que se enciende más o menos a la misma hora a la que llegamos nosotros. Pues nos pasamos allí unos cinco minutos viendo el agua caer, el sonido que hace, hacia dónde va la corriente, sintiendo el frescor que desprende… Él no para de mirar sin parpadear y de repetir ‘agua, agua, agua’, y yo le explico lo que está viendo. Si no fuéramos capaces de parar allí esos 3 o 5 minutos, no podríamos disfrutar de ese momento. La clave es detenerse. Amaneceres y atardeceres hay todos los días pero si no nos detenemos a mirarlos no podremos disfrutar de su belleza.

Volver a mirar con ojos de niño‘, qué frase tan ñoña que encierra tanta sabiduría.

¿Para qué usas las redes sociales?

¡Hacia tanto tiempo que quería escribir esta publicación! Parece una tontería pero el uso que hacemos de las redes sociales dice mucho de nosotros, de nuestra personalidad, nuestros conflictos, nuestros sueños, nuestras inquietudes… Te propongo que pares un minuto y recuerdes para qué usaste las redes sociales ayer. ¿Las usaste para cotillear en la vida de los demás? ¿Para criticar? ¿Para inspirarte? ¿Para aprender? ¿Para compartir? ¿Para jugar? ¿Para trabajar? ¿Para relacionarte con tus seres queridos?

Imagino que, cómo en mi caso, lo usas para todo un poco. Entonces cabe indagar ahí como herramienta de autoconocimiento. Si lo usas para cotillear, pensar el por qué nos ayudará a conectar con nosotros mismos. ¿Qué quieres descubrir en la vida de esas otras personas? ¿Son cosas que a tí te faltan y te gustaría tener? ¿Es envidia lo que sientes? ¿Por qué? Si criticas a través de las redes sociales, ¿lo haces para hacer daño o de forma constructiva? ¿Quieres aportar con tu opinión o infringir malestar? ¿Por qué sientes la necesidad de expresar tales cosas? ¿Necesitas expresar más emociones u opiniones? ¿A quién debes decírselo? A veces pagamos con otros nuestro malestar cuando no se lo merecen.

En definitiva, ¿las redes sociales te aportan o te restan? Hacer un buen uso de las redes sociales te acercará a la gente que quieres, te ayudará e inspirará a conseguir lo que deseas. Sin embargo, un uso perjudicial de las redes sociales sólo te llevará a perder el tiempo, alimentar tus inseguridades incluso crear conflicto.

Está generalizado que tengamos como amigos en redes sociales a todos aquellos que conocemos. Parece que si no eres amig@ de tu prima Conchita o de tu amigo Pepe es que no te gustan o no te caen bien. Y la realidad no es así para nada, porque a tu prima Conchita o a tu amigo Pepe los puedes llamar cuando quieras para veros o tomar un café y hablar de cómo os va la vida. Podéis mandaros mensajes de texto o conversar por WhatsApp. No debería haber necesidad ni compromiso en redes sociales, a no ser que sean perfiles profesionales.

Démosle a las redes su sitio, como su buen nombre indica ‘redes’, un lugar para conectar. Conectar contigo, y no una fachada para el qué dirán.

‘Cómo hemos cambiado’

Sentada en la mesa de mi cocina, sujetando una humeante taza de café mientras mi bebé duerme la siesta pienso que ya hace casi un año que tuve a mi pequeñín, seis desde que me independicé, diez desde que empecé a trabajar… cómo cambian las cosas, y cómo cambiamos las personas.

Hay quien dice que la gente no cambia. ‘Quien nace lechón, muere cochino’ dice el refrán. Pero yo admito que he cambiado mucho en los últimos años, y cómo yo debe de haber muchos más. Llamémosle como queramos: cambiar, crecer, evolucionar… pero lo importante es que la gente cambia. Cambia fruto de sus vivencias. Se moldea según las experiencias que le toca disfrutar o sufrir. Cambiamos involuntariamente. No nos damos ni cuenta hasta que vemos fotos antiguas ( muchas nos la recuerda Facebook) y nos echamos las manos a la cabeza. Pero también cambiamos porque queremos cambiar, porque queremos mejorar. Que levante la mano el que ha dejado de ponerse pantalones que dejaban a la vista en más de una ocasión ‘la hucha’ ( llámese al inicio del trasero jeje), mezcla menos bebidas porque le sientan mal o volvió a su color de pelo natural después de probar unas mechas o un color poco acertado. Seguro que algún otro ejemplo te viene a la cabeza. Las personas cambiamos continuamente. Así que pensémoslo dos veces antes de decir que uno no puede cambiar.

Los cambios traen consecuencias en tí y a tu alrededor. Hay personas que te acompañan en el cambio, otras que cambian contigo, gente que te anima, pero también hay personas que se alejan, de enfadan o no te comprenden. Es parte del proceso, parte de la vida. Y debemos observarlo y aceptarlo como eso, ciclos de la vida. Disfrutando de cada momento y recordando con cariño.

Qué filosófica se pone una cuando puede tomarse un cafelito en soledad. 😉 En definitiva, a mí me gusta haber cambiado, ¿ y a tí? ¿ notas que has cambiado? ¿ te gustan los cambios? ¿ piensas que es posible cambiar si uno se lo propone?