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10 cosas por las que estar agradecid@

Practicar la gratitud consiste en sentirse agradecido por las cosas que uno tiene en la vida. Según los expertos, practicar la gratitud trae múltiples beneficios a nuestro cuerpo y nuestra mente.

Entre muchos otros, nos ayuda a disminuir el stress, a mantener mejores relaciones sociales, y a reconocer lo valioso que tenemos y por lo que vale la pena vivir.

Podemos practicar la gratitud al levantarnos por la mañana o al acostarnos por la noche. Podemos escribir en un papel por qué cosas nos sentimos agradecidos o podemos sólo pensarlo. No hace falta hacer una gran lista, con dos o tres cosas basta. Lo importante es hacerlo con regularidad, de modo que introduzcamos pensamientos positivos en nuestro cerebro.

Esta es mi lista de 10 cosas por la que sentirme agradecida. Espero que os inspire para pensar vosotros la vuestra.

Hoy me siento agradecida por:

  • Tener un cuerpo sano que me permite disfrutar de la vida y verme bien: bailar, comer, saltar, pasear, jugar, etc.
  • Las personas que me quieren, me cuidan y se preocupan por mí. Sin ellas yo no sería la persona que soy hoy.
  • Mi bebé. Convertirme en madre completó mi persona y vivir con él es una aventura apasionante.
  • Tener una situación económica que me permite no pasar dificultades en mi día a día.
  • Ser capaz de disfrutar de las pequeñas cosas: los colores del cielo al anochecer, el olor del mar, el trinar de un pájaro…
  • Tener un trabajo que me saca una sonrisa cada día.
  • Vivir en el lugar donde vivo. Un sitio sin conflictos armados, donde la figura de la mujer es respetada y tengo todas las necesidades básicas cubiertas.
  • El clima de mi ciudad. Afortunadamente vivo en un lugar con muchísima luz y unas condiciones climatológicas que me permiten disfrutar del aire libre la mayor parte del año.
    Mi casa. Tiene el tamaño y las distribución perfecta. Además, situada en una zona tranquila pero muy cerca del centro. Por lo que puedo ir andando a la mayoría de los lugares a los que quiero o debo ir.
    Haberme cruzado con personas en mi vida que me han aportado mucho, de las que he aprendido y con las que he crecido.

Como dice el refrán: ‘Es de bien nacido ser agradecido’ 😉 ¿y tú por qué te sientes agradecido en el día de hoy?

¿Estresad@? Rituales de desconexión.

Últimamente no hago más que ver gente estresada y agotada. El mes de Junio, con el verano y las vacaciones a la vuelta de la esquina, es un mes lleno de emociones desbordándose. Los niños están cansados al final de curso, los padres tienen que conciliar el trabajo con sus hijos nerviosos y con los múltiples actos que celebran (fiesta de fin de curso, fiesta del agua, graduación, viaje de fin de curso, etc.). Además se acercan las vacaciones de verano y nos impacientamos, junto con mucha cantidad de trabajo que hay que dejar terminado antes de poder disfrutar del merecido descanso.

Entonces me he acordado de un capítulo del podcast “Entiende tu mente” que hablaba sobre el estrés. Os dejo el link al episodio aquí por si queréis escucharlo. En este episodio hablaron de un concepto llamado “rituales de desconexión” que me llamó la atención. Los rituales de desconexión son momentos o hábitos en los que apartas la sensación de alerta en la que vives y te permites bajar la guardia y olvidar por unos momentos las tensiones, los problemas, las preocupaciones… Estos rituales de desconexión nos permiten disminuir nuestros niveles de estrés y cargarnos de energía. Estos descansos nos permiten continuar con nuestra vorágine en mejores condiciones.

Actualmente, mi ritual de desconexión es el momento de la ducha cada noche.  Esos minutos en los que estoy sola  (porque mi hijo y mi marido están dormidos) y tranquila disfrutando de una ducha caliente y del olor de los productos que utilizo. Habiendo terminado el día, me dedico esos minutos para ponerme mi aceite hidratante corporal, ponerme mis cremas de rutina de noche…. y desconecto. A veces me pongo música relajante o escucho algún podcast que me guste mientras tanto.  Es mi momento.

Para otros su ritual de desconexión puede ser salir a correr, hacer croché o simplemente hacerse una manicura. Lo importante que es todos tengamos esos momentos para cargar pilas y permitirnos bajar la guardia. Permitirnos desconectar durante 15, 20, 30  minutos o una hora. Te dejo pensando ¿cuál es tu ritual de desconexión?

 

 

La capacidad de maravillarnos

Alguien me dijo una vez que volviera a mirar con los ojos de niño. ¡Cuánta razón tenía! Ahora veo la cara de mi hijo y cómo le brillan los ojos cuando descubre algo nuevo, y me embriago con esa sensación. El mundo es totalmente nuevo para él y se asombra cada día con las maravillas que tiene ante él, maravillas que para nosotros son pequeñeces sin importancia: un avión al pasar por el cielo, una fuente emanando agua, unas pompas de jabón, un aspersor en funcionamiento, una mariquita en una hoja… ¿cuándo perdimos los adultos nuestra capacidad de maravillarnos?

Nosotros, los adultos, con nuestro ritmo frenético, nuestro consumismo compulsivo y nuestras preocupaciones hemos perdido nuestra capacidad para asombrarnos. Tenemos tantas cosas y nos movemos a tal velocidad que no apreciamos las verdaderas obras de arte que están a nuestro alrededor. Algunas nos las regala la naturaleza y otras han sido diseñadas y elaboradas por mentes privilegiadas. La capacidad de maravillarnos es muy importante para ser feliz. Pues nos ayuda a apreciar la belleza y la genialidad de lo cotidiano, de las pequeñas cosas de la vida. Nos regala sonrisas y momentos entrañables. Nos relaja y nos llena de energía.

La clave para volver a mirar con los ojos de niño es detenerse, agudizar los sentidos y disfrutar. Por ejemplo, mi hijo ha descubierto una fuente en el parque que se enciende más o menos a la misma hora a la que llegamos nosotros. Pues nos pasamos allí unos cinco minutos viendo el agua caer, el sonido que hace, hacia dónde va la corriente, sintiendo el frescor que desprende… Él no para de mirar sin parpadear y de repetir ‘agua, agua, agua’, y yo le explico lo que está viendo. Si no fuéramos capaces de parar allí esos 3 o 5 minutos, no podríamos disfrutar de ese momento. La clave es detenerse. Amaneceres y atardeceres hay todos los días pero si no nos detenemos a mirarlos no podremos disfrutar de su belleza.

Volver a mirar con ojos de niño‘, qué frase tan ñoña que encierra tanta sabiduría.

¿Para qué usas las redes sociales?

¡Hacia tanto tiempo que quería escribir esta publicación! Parece una tontería pero el uso que hacemos de las redes sociales dice mucho de nosotros, de nuestra personalidad, nuestros conflictos, nuestros sueños, nuestras inquietudes… Te propongo que pares un minuto y recuerdes para qué usaste las redes sociales ayer. ¿Las usaste para cotillear en la vida de los demás? ¿Para criticar? ¿Para inspirarte? ¿Para aprender? ¿Para compartir? ¿Para jugar? ¿Para trabajar? ¿Para relacionarte con tus seres queridos?

Imagino que, cómo en mi caso, lo usas para todo un poco. Entonces cabe indagar ahí como herramienta de autoconocimiento. Si lo usas para cotillear, pensar el por qué nos ayudará a conectar con nosotros mismos. ¿Qué quieres descubrir en la vida de esas otras personas? ¿Son cosas que a tí te faltan y te gustaría tener? ¿Es envidia lo que sientes? ¿Por qué? Si criticas a través de las redes sociales, ¿lo haces para hacer daño o de forma constructiva? ¿Quieres aportar con tu opinión o infringir malestar? ¿Por qué sientes la necesidad de expresar tales cosas? ¿Necesitas expresar más emociones u opiniones? ¿A quién debes decírselo? A veces pagamos con otros nuestro malestar cuando no se lo merecen.

En definitiva, ¿las redes sociales te aportan o te restan? Hacer un buen uso de las redes sociales te acercará a la gente que quieres, te ayudará e inspirará a conseguir lo que deseas. Sin embargo, un uso perjudicial de las redes sociales sólo te llevará a perder el tiempo, alimentar tus inseguridades incluso crear conflicto.

Está generalizado que tengamos como amigos en redes sociales a todos aquellos que conocemos. Parece que si no eres amig@ de tu prima Conchita o de tu amigo Pepe es que no te gustan o no te caen bien. Y la realidad no es así para nada, porque a tu prima Conchita o a tu amigo Pepe los puedes llamar cuando quieras para veros o tomar un café y hablar de cómo os va la vida. Podéis mandaros mensajes de texto o conversar por WhatsApp. No debería haber necesidad ni compromiso en redes sociales, a no ser que sean perfiles profesionales.

Démosle a las redes su sitio, como su buen nombre indica ‘redes’, un lugar para conectar. Conectar contigo, y no una fachada para el qué dirán.

¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Por qué todo me pasa a mí?

¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Es que todo me pasa a mí? Seguramente te has recordado diciendo esto alguna vez, o conoces a alguien que se queja todo el tiempo y que el mundo está en su contra. Cuando esto ocurre, hemos activado el modo ‘víctima’ y culpamos a algo o a alguien externo de nuestra insatisfacción. Estar en modo víctima no es malo si ocurre de vez en cuando, pero mantenerlo durante mucho tiempo puede perjudicarnos a muchos niveles.

Cuando somos víctimas, y el culpable es un ser o situación externa, no tenemos ningún tipo de control sobre lo sucedido. Esto nos hace sentir inseguros y débiles, pues parece que no llevamos el timón de nuestra vida. Y la inseguridad viene de la mano de introversión, miedo, susceptibilidad, mal humor y un empeoramiento de nuestras relaciones sociales.

¿Qué podemos hacer al respecto? Elegir ser ‘responsable’ (que no es lo mismo que ‘culpable’). Cuando uno elige ser responsable de lo que sucede se pregunta: ‘¿qué podría haber hecho yo para evitar que pasara?¿Qué debería cambiar para la próxima vez?’ Cuando estás modo responsable aceptas lo que ha ocurrido y tomas el control de la situación, al menos de la parte que depende de tí. De este modo el sentimiento es diferente, la sensación de control te da seguridad y conlleva una mejor actitud ante lo sucedido, ante la vida y ante lo que esté por venir. Por tanto tu autoestima y tu motivación sube.

Un ejemplo muy sencillo pero ilustrativo del contraste entre víctima y responsable es el siguiente. Tienes que estar a las 10 de la mañana en la parada del autobús. Habitualmente te despiertas temprano pero esa mañana te quedas dormida y no te da tiempo de llegar a la hora prevista.

Opción víctima: ‘¡Ay qué ver!¡Me he quedado dormida! ¡Todos los días me levanto temprano menos hoy! ¡qué torpe soy! (Y le dices a tu madre/padre/pareja/hij@) ¿Por qué no me has despertado?¿No te has dado cuenta de la hora que era? ¡Maldito despertador! ¡Precisamente hoy no suena! ¡Ya no llego a tiempo! ¡He perdido la oportunidad!…ect.

Opción responsable: ¡Ay qué ver!¡Me he quedado dormida! ¿Puse el despertador? Voy a comprobarlo y lo voy a poner a punto para que no vuelva a pasar. Debería comprobar el despertador por la noche antes de acostarme. Voy a llamar a …. para avisar de que no voy a a llegar a tiempo. Quizás pueda retrasar la cita.

La diferencia de actitud es notable. La víctima es reactiva, no reacciona, sólo se queja. Mientras que el responsable es proactivo, toma la iniciativa, no se queda esperando. ¿En qué momentos o ámbitos de tu vida estás siendo víctima y en qué otros responsable? Quizás podamos hacer algo diferente para conseguir resultados distintos.

Todo esto y mucho más lo aprendí del curso de PIIE (Programa de Implementación de Inteligencia Emocional) en el aula impartido por el coach Alberto Ortega. Os dejo en enlace a su web 👈 y su facebook 👈, donde podréis encontrar artículos y vídeos muy interesantes.

Amor propio vs. Amor a uno mismo

¿Nunca has escuchado la expresión ‘tiene mucho amor propio’? ¿Es lo mismo el amor propio que el amor a uno mismo? Si nos fijamos en las palabras podríamos pensar que sí, que son sinónimos. Pero la expresión ‘amor propio’ tiene un matiz ligeramente diferente del amor por uno mismo.

Según la RAE, el amor propio se define como: ‘ El amor que alguien se profesa a sí mismo, y especialmente a su prestigio.’

Amor hacia tu prestigio. Amor a la imagen que quieres dar a los demás. Imagen que no siempre es real. El prestigio es totalmente subjetivo, no depende de tí, sino de la opinión de otras personas. Por tanto, el prestigio es voluble, inestable. ¿Qué sentido tiene profesar amor hacia nuestro prestigio en vez de a nuestra persona real? Como ya comentamos en el post anterior, la imagen que tengan otros de nosotros nos afecta, indudablemente, pero no debe ser una prioridad.

Por el contrario el amor a uno mismo no tiene nada que ver con la gente que te rodea y la imagen que tengan de tí. Es un sentimiento íntimo y personal. El amor a uno mismo es por y para tí. Te amas a tí mismo cuidándote cada día, tratándote con cariño, perdonándote, sin pretensiones, sin comparaciones. Te amas a tí mismo cuando te escuchas, te molestas en conocerte y dedicarte tiempo. Una persona que se ama a sí misma cura sus heridas, y es capaz de amar a los demás de una forma sana, más pura y simple, sin dramas, chantajes o celos.

El amor propio y el amor a uno mismo no tienen nada que ver. No los confundamos. Cultivemos el amor hacia nosotros mismos y apartemos el amor propio de nuestro camino. Seamos capaces de intentar sacar tiempo para cuidarnos cada día, aunque sea sólo por unos minutos. A la velocidad que vivimos cada día y con miles de tareas por hacer (trabajo, familia, escuela, casa…) es fácil olvidarnos de nosotros.

Seas o no seas fan del día de San Valentín, el 14 de febrero o cualquier otro día, a parte de demostrarle a tu pareja, familia y/o amigos que les quieres, demuéstratelo también a tí mismo.

Visión

El mi última publicación os animaba a todos a escribir cómo sería la vida de tus sueños. A redactar con todo lujo de detalles cuál es la vida que quieres alcanzar, visualizar tu futuro ideal. Y así, poder desglosar unos objetivos concretos a conseguir que nos acerque a ese futuro.

Es lo que en inteligencia emocional llamamos ‘visión’. Una competencia que es muy importante para la vida, da igual la edad que tengas. La práctica que hicimos en una sesión de inteligencia emocional consistía en recoger papelitos del suelo. En la primera ronda nos dijeron: ‘ Hay que recoger el máximo número de papelitos posible en un minuto.’ En la segunda ronda la instrucción era: ‘Hay que recoger el máximo número de papelitos posible en un minuto. El que más papelitos recoja, conseguirá un paquete de gominolas.’ Lo que descubrimos tras el juego era que casi todos recogimos más papelitos en la segunda ronda, tras saber la recompensa.

¿Qué quiere decir esto? Que cuando tenemos en mente la meta final, nuestros resultados son mejores. Por eso, es tan importante que tengamos ‘visión’, que tengamos presente aquello que queremos lograr.

Se ha demostrado que cuando ponemos algo por escrito nuestros cerebro lo memoriza e interioriza mejor. Por eso este año propongo escribir en un cuaderno, journal o agenda para visualizar nuestros sueños.

No obstante, hay personas que prefieren hacerlo de forma más visual. Si es este vuestro caso podéis hacerlo estableciendo como fondo de pantalla del ordenador o el móvil imágenes que os recuerden vuestra meta o elaborando un tablero de visión para decorar vuestro dormitorio o estudio. Esto consiste en poner a la vista imágenes que os inspiren para conseguir vuestros objetivos. Puede ser en un corcho, en el frigorífico o colgando cuadros pequeños. En google o Pinterest podéis encontrar muchos ejemplos.

Espero que os animéis y os dediquéis unos minutos para vosotros para diseñar vuestro futuro. Y elaboréis el mapa para conseguirlo.

¿Sueñas con tu vida o vives tu sueño?

Por estas fechas solemos hacer balance del año que está apunto de terminar y propósitos para el nuevo año. Otro año más haciendo la misma lista de propósitos repetidos, vagos e inconexos. La mitad de la lista es la misma cada año pues no hemos sido capaces de cumplirla en los doce meses del año. ¿Te has preguntado por qué? ¿Por qué no somos capaces de lograr nuestros objetivos?

Este año propongo algo diferente. Seamos sinceros y contestemos a la pregunta que lanzó en el título de este post. ¿Sueñas con tu vida o vives tu sueño? Parece una pregunta tonta pero no lo es. Si la contestamos con sinceridad puede incomodarnos y sacar sentimientos que no nos gustan. Contesta honestamente y descubre cómo quieres que sea tu vida. Sé detallado y desglosa todo lo que puedas estos deseos. Será entonces cuando conseguirás una lista de propósitos reales, los que realmente te llevan a la vida que quieres. ¿Sueñas con vivir cerca Del Mar o en otra ciudad? ¿Con montar tu propio negocio? ¿Con viajar más a menudo? ¿Sueñas con estar sano y esbelto?

Una vez hayas esbozado tu vida soñada, enumera qué puedes hacer este año que te acerque a tu sueño. Quizás tengas que hacer un curso de idiomas, ahorrar un porcentaje extra de tu sueldo al mes, aprender a diseñar una página web, buscarte otro trabajo que te de un ingreso extra, levantarte más temprano, mejorar tu capacidad de organización…

Objetivos más pequeños que nos lleven a la meta real. Esta visión de la vida de tus sueños nunca debes perderla de vista. No pierdas la visión de conjunto, el por qué de lo que estás haciendo. Estar enfocado es importante, si no acabas como cada año abandonando tu propósito al mes de empezar.

Que el 2019 no se convierta en un año más, que el nuevo año nos lleve a conseguir la vida que deseamos. Olvídate de la típica lista de deseos para el nuevo año. Siéntate, reflexiona y plasma qué quieres y cómo puedes conseguirlo. Contesta a la pregunta: ¿Sueñas con tu vida o vives tu sueño?