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¿Estresad@? Rituales de desconexión.

Últimamente no hago más que ver gente estresada y agotada. El mes de Junio, con el verano y las vacaciones a la vuelta de la esquina, es un mes lleno de emociones desbordándose. Los niños están cansados al final de curso, los padres tienen que conciliar el trabajo con sus hijos nerviosos y con los múltiples actos que celebran (fiesta de fin de curso, fiesta del agua, graduación, viaje de fin de curso, etc.). Además se acercan las vacaciones de verano y nos impacientamos, junto con mucha cantidad de trabajo que hay que dejar terminado antes de poder disfrutar del merecido descanso.

Entonces me he acordado de un capítulo del podcast “Entiende tu mente” que hablaba sobre el estrés. Os dejo el link al episodio aquí por si queréis escucharlo. En este episodio hablaron de un concepto llamado “rituales de desconexión” que me llamó la atención. Los rituales de desconexión son momentos o hábitos en los que apartas la sensación de alerta en la que vives y te permites bajar la guardia y olvidar por unos momentos las tensiones, los problemas, las preocupaciones… Estos rituales de desconexión nos permiten disminuir nuestros niveles de estrés y cargarnos de energía. Estos descansos nos permiten continuar con nuestra vorágine en mejores condiciones.

Actualmente, mi ritual de desconexión es el momento de la ducha cada noche.  Esos minutos en los que estoy sola  (porque mi hijo y mi marido están dormidos) y tranquila disfrutando de una ducha caliente y del olor de los productos que utilizo. Habiendo terminado el día, me dedico esos minutos para ponerme mi aceite hidratante corporal, ponerme mis cremas de rutina de noche…. y desconecto. A veces me pongo música relajante o escucho algún podcast que me guste mientras tanto.  Es mi momento.

Para otros su ritual de desconexión puede ser salir a correr, hacer croché o simplemente hacerse una manicura. Lo importante que es todos tengamos esos momentos para cargar pilas y permitirnos bajar la guardia. Permitirnos desconectar durante 15, 20, 30  minutos o una hora. Te dejo pensando ¿cuál es tu ritual de desconexión?

 

 

¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Por qué todo me pasa a mí?

¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Es que todo me pasa a mí? Seguramente te has recordado diciendo esto alguna vez, o conoces a alguien que se queja todo el tiempo y que el mundo está en su contra. Cuando esto ocurre, hemos activado el modo ‘víctima’ y culpamos a algo o a alguien externo de nuestra insatisfacción. Estar en modo víctima no es malo si ocurre de vez en cuando, pero mantenerlo durante mucho tiempo puede perjudicarnos a muchos niveles.

Cuando somos víctimas, y el culpable es un ser o situación externa, no tenemos ningún tipo de control sobre lo sucedido. Esto nos hace sentir inseguros y débiles, pues parece que no llevamos el timón de nuestra vida. Y la inseguridad viene de la mano de introversión, miedo, susceptibilidad, mal humor y un empeoramiento de nuestras relaciones sociales.

¿Qué podemos hacer al respecto? Elegir ser ‘responsable’ (que no es lo mismo que ‘culpable’). Cuando uno elige ser responsable de lo que sucede se pregunta: ‘¿qué podría haber hecho yo para evitar que pasara?¿Qué debería cambiar para la próxima vez?’ Cuando estás modo responsable aceptas lo que ha ocurrido y tomas el control de la situación, al menos de la parte que depende de tí. De este modo el sentimiento es diferente, la sensación de control te da seguridad y conlleva una mejor actitud ante lo sucedido, ante la vida y ante lo que esté por venir. Por tanto tu autoestima y tu motivación sube.

Un ejemplo muy sencillo pero ilustrativo del contraste entre víctima y responsable es el siguiente. Tienes que estar a las 10 de la mañana en la parada del autobús. Habitualmente te despiertas temprano pero esa mañana te quedas dormida y no te da tiempo de llegar a la hora prevista.

Opción víctima: ‘¡Ay qué ver!¡Me he quedado dormida! ¡Todos los días me levanto temprano menos hoy! ¡qué torpe soy! (Y le dices a tu madre/padre/pareja/hij@) ¿Por qué no me has despertado?¿No te has dado cuenta de la hora que era? ¡Maldito despertador! ¡Precisamente hoy no suena! ¡Ya no llego a tiempo! ¡He perdido la oportunidad!…ect.

Opción responsable: ¡Ay qué ver!¡Me he quedado dormida! ¿Puse el despertador? Voy a comprobarlo y lo voy a poner a punto para que no vuelva a pasar. Debería comprobar el despertador por la noche antes de acostarme. Voy a llamar a …. para avisar de que no voy a a llegar a tiempo. Quizás pueda retrasar la cita.

La diferencia de actitud es notable. La víctima es reactiva, no reacciona, sólo se queja. Mientras que el responsable es proactivo, toma la iniciativa, no se queda esperando. ¿En qué momentos o ámbitos de tu vida estás siendo víctima y en qué otros responsable? Quizás podamos hacer algo diferente para conseguir resultados distintos.

Todo esto y mucho más lo aprendí del curso de PIIE (Programa de Implementación de Inteligencia Emocional) en el aula impartido por el coach Alberto Ortega. Os dejo en enlace a su web 👈 y su facebook 👈, donde podréis encontrar artículos y vídeos muy interesantes.