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Me perdono

El primer domingo de mayo se celebra el Día de la Madre en España. Este día, las mamás o futuras mamás recibimos muchas felicitaciones y regalos. También aprovechamos para dar las gracias a nuestras madres por todo lo que han hecho por nosotros, que no es poco.

Pero este año, quiero celebrar el Día de la Madre perdonándome. Me perdono por todos los errores que he cometido como madre. Pero sobretodo, me perdono por todo aquello que he descuidado por ser madre.

Cuando te conviertes en madre, tu mundo deja de girar en el sentido de la vida que conoces. Tu mundo comienza a girar en un sentido desconocido, con el epicentro en un bebé. Un bebé que no sabe nada de tu vida, ni de la sociedad en la que vives. Un bebé que se rige por instintos. La vida se vuelve más salvaje, caótica y primitiva, como lo es tu bebé.

Y te encuentras en ese mar de emociones e instintos primarios, pero no quieres dejar de ser quien eras. Es entonces cuando aparece el conflicto contigo misma. Porque realmente has dejado de ser quien eras, para ser una versión más completa y consciente de ti misma. Quieres seguir siendo una buena trabajadora, buena ama de casa, buena hija, buena esposa, buena amiga… y llegar a todo, cómo lo hacías antes. Pero no lo consigues y es muy frustrante.

En estos años de maternidad he aprendido que hay momentos (meses, años, décadas…) en la que prima un ámbito de tu vida. Hay épocas de la vida en la que te centras en el trabajo. Otras en las que tus amigos y amigas son lo más importante. Y otras en las que, quizás, tengas que centrarte en tu familia. Durante los primeros años de maternidad, lo que prima es el desarrollo y crecimiento de tu hijo. Él o ella es tu proyecto más importante.

Aunque no nos guste, esto implica descuidar otros aspectos de tu vida. Y no pasa nada por ello. Es cierto y hay que decirlo. La gente que te quiere, te respetará y, algunos, lo entenderán. Pero lo más importante es aceptarlo uno mismo. Aceptar que no vas a poder llevar el ritmo de antes, ni tener tiempo par ciertas cosas o personas. Aceptar que todo es temporal y que hay que abrazar las nuevas etapas de la vida, sin reproches. Aceptar que eres madre y perdonarte. Yo me perdono.

Smartphones y otras pantallas con un bebé de 2 años.

‘Hace ya un año que decidimos evitar el uso de pantallas (televisión, tablet, móvil…) con nuestro bebé.’ Así comenzaba la publicación en la que explicaba los argumentos por los cuales decidimos no utilizar dispositivos de pantalla con nuestro hijo. Os dejo el enlace AQUÍ.

Pero, ¿cómo se mantiene esa decisión tras un confinamiento en el que la única forma de poder ver a la familia es por videollamada? ¿Tiempo en el que estuvimos encerrados en casa las 24 horas del día, los 7 días de la semana? Efectivamente, fue imposible continuar retrasando el momento en el que las tecnologías llegaran a la vida de nuestro bebé.

Gracias a ellas pudimos ver, hablar y reír con nuestros familiares cada día, los abuelos pudieron ver a su nieto y los primos jugar y gastarse bromas, pudimos bailar coreografías, ver cuentacuentos y marionetas, pudimos llenar nuestros días de cariño, música y cultura en tiempos de reclusión e incertidumbre.

Pero ¿cuáles fueron las consecuencias inmediatas en nuestro bebé? Se adaptó demasiado bien.

  • Comenzó a demandar el uso de móvil, televisión o tablet todos los días. Incluso recién levantado.
  • Rabietas si le negábamos el uso del dispositivo en ese momento o lo apagábamos.
  • Jugaba simulando que tenía un teléfono móvil.

El uso, o abuso, de móviles, televisión o cualquier elemento de pantalla influye negativamente en el desarrollo cognitivo, psicológico, social y motriz del niño, está demostrado científicamente. Haciendo un recorrido rápido, un uso inadecuado de los aparatos con pantalla puede provocar adicción, alteraciones del sueño, déficit de atención, favorecer el sedentarismo y la obesidad infantil y empobrecer las relaciones sociales entre los niños y las personas de su entorno.

Por tanto, y siguiendo las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría, la Asociación Americana de Pediatría y la OMS, hemos establecido unas normas y límites en lo que respecta al uso de dispositivos de pantalla. Unas directrices que nos permitan usar la tecnología de forma segura, y siempre manteniendo el lema ‘menos es más’. Es decir, que si lo podemos evitar, mucho mejor.

  1. El tiempo de exposición máxima es de 30 minutos a 1 hora al día.
  2. Fijar el momento del día en el que se pueden usar dichos dispositivos. Por ejemplo, antes o después del almuerzo.
  3. Nunca usar los dispositivos durante las comidas. El momento de la comida es muy importante para el niño. Es el momento en que la familia se reúne, socializa y aprende el ritual de comer los alimentos (cómo coger los cubiertos, como pedir que te pasen el pan, limpiarse la boca, beber en el vaso…). Por eso es importante que no estén distraídos con el móvil o la televisión.
  4. Nunca dejar al niño solo con el dispositivo. En todo momento, debe estar acompañado de un adulto, no solo para seleccionar un contenido infantil adecuado sino también para poder conversar sobre lo que se está viendo para garantizar que lo comprende.
  5. Establecer lugares libres de pantallas, por ejemplo el cuarto de baño, el dormitorio, la piscina…

Debemos ser el mejor ejemplo para nuestros hijos, usar nuestros dispositivos solo cuando sea necesario y evitar que se conviertan en un objeto de deseo misterioso. Si nos ve mirando el móvil o usando el ordenador y nos pregunta, le explicamos lo que estamos haciendo (mandar un mensaje a la abuela, haciendo un trabajo, llamando a papá…) de forma que el niño aprende para qué se usa, de una manera natural. Y cuando hemos terminado, apagarlo o dejarlo en reposo en algún lugar (mesa, mueble, funda…). Así no lo concibe solo como un objeto de entretenimiento.

En definitiva, ha llegado un tiempo de nuevo de aprendizaje, tanto para nosotros como para él. Y lo haremos lo mejor posible.

5 Consejos para mamás y papás primerizos post período COVID-19.

Como padres primerizos nos enfrentamos a muchas experiencias y situaciones nuevas  con las que tenemos que lidiar. Es probable que tengamos mucha ansiedad y temor porque sentimos que no estamos preparados para todos los cambios que sin duda van a acontecer en nuestra vida y en todo el entorno familiar. Y estos sentimientos se agudizan en un momento como este, en la que debemos ser precavidos y muy responsables. Debemos seguir las recomendaciones sanitarias así como garantizar una buena higiene tanto personal como en nuestra vivienda.

Aquí encontrarás consejos que son de gran utilidad y que te ayudarán a afrontar este importante acontecimiento que tanta alegría y emoción generan en el hogar, en internet hay múltiples webs que pueden ayudarnos aportando información muy útil para los primeros días, como por ejemplo pequeflix, una web que, habla sobre la seguridad de los más peques de la casa y que, además, colabora en esta publicación.

Aunque parezca difícil, tú puedes con ello

A pesar de cualquier ansiedad o temor que tengas debes saber que tú puedes, tú estás capacitado. Llegado el momento tu intuición te dictará qué decisiones tomar. El sentido común junto con una buena orientación del pediatra, matrona y/o asesora de lactancia son suficientes para que logres cuidar bien de tu bebé. A veces nuestros temores son muy grandes pero la práctica resulta más simple de lo que pensamos.

Tú y tu pareja sois un equipo no lo olvides

Hacer un equipo es la mejor manera de equilibrar el trabajo. Hacer turnos y dividir las tareas del hogar hará más llevadera esta etapa para ambos padres. Cambiar pañales, sacar a pasear al bebé, preparar o lavar biberones, bañar al niño, cortarle las uñas o dormirlo son todas tareas que deben ser compartidas, esto es bueno para la pareja y también refuerza el vínculo de ambos con el recién nacido.  

Aprovecha cualquier momento de descanso

Tu descanso es de vital importancia para que puedas afrontar todas las tareas necesarias en el cuidado del bebé recién nacido y para que puedas hacerlo bien. Descansa cada vez que puedas, aprovecha los momentos en que el bebé duerme. También acepta ayuda y apoyo de personas de confianza, sobre todo los primeros meses.

Si tienes dudas… pregunta

Seguramente tendrás muchas dudas, eso es normal. No temas a preguntar al pediatra, matrona o asesora de lactancia cualquier cosa que necesites saber. Ya verás que muy pronto aprenderás a manejar la situación Asesórate siempre con personal cualificado que pueda dar información fiable y que sea afín al tipo de crianza que queréis llevar a cabo.

Vuestros padres, tíos, amigos y amigas que hayan tenido hijos antes que vosotros también son un gran apoyo y una fuente de información.

Y sobre todo…disfruta del momento

Disfruta este maravilloso momento. La llegada del bebé es un período de la vida familiar lleno de alegría y expectativas. Aunque resulte difícil, también debes tener ratos de esparcimiento, distráete, sal de casa un momento o realiza alguna actividad que te guste. No dejes que te asalte algún sentimiento de culpa si tienes la necesidad de dedicarte un tiempo. Apóyate y pide ayuda a alguna persona de confianza para que puedas disfrutar de algunos momentos para ti.

Tener y criar un bebé es una experiencia transformadora y maravillosa. Y siguiendo estos consejos, será un poco más sencillo.

Adultocentrismo vs. Niñocentrismo

Hoy quiero compartir una foto de mi salón, (sí, aún no hemos quitado el árbol de navidad). Donde está la zona de juegos de mi hijo antes había una gran mesa de cristal preciosa. Delante del sofá teníamos una mesa baja. Ahora todo eso se ha ido para dar paso a un espacio más abierto para que el pequeño de la casa pueda moverse y jugar de forma segura.

Hay quien estará pensando que el niño cada vez nos está ganando terreno. Que hay que intentar que el hijo se adapte a la vida de los padres lo antes posible en vez de adaptarnos los padres a la vida de nuestro hijo. Esta corriente de crianza en la que el adulto es la figura principal y la que se tiene en cuenta para la toma de decisiones se llama ‘adultocentrismo‘. La corriente contraria, que pone al hij@ en el centro de la toma de decisiones, se llama ‘niñocentrismo’. ¿Es una mejor que la otra? Pues como todo en la vida, depende. Opino que las posturas extremas no son buenas aliadas. Por tanto, lo mejor es aplicar el sentido común a cada situación.

Todos, en mayor o menor medida, tomamos decisiones adultocentristas o niñocentristas en algún momento. Por ejemplo, darle al niño un paquete de gusanitos o el móvil para que esté entretenido mientras el padre o madre están tomándose un café es una decisión adultocentrista. Dejar la luz encendida por la noche porque a tu hijo le da miedo la oscuridad es una decisión niñocentrista. Poner el Belén de figuras de porcelana en la mesita del salón es una decisión adultocentrista. Hacer colecho es una decisión niñocentrista. Y así un largo etcétera.

Como bien he dicho, los extremos no son buenos aliados, y la forma de actuar de cada persona se basará, no sólo en su postura de crianza, sino también en la forma de ser del niñ@. Si mi hij@ duerme desde los 2 meses una media de 6 horas de un tirón, pasarlo a su habitación a los 6-8 meses (decisión adultocentrista), no va a suponer un cambio tan radical ni tener las mismas consecuencias que cambiarlo de habitación si mi hijo se despertara cada 45 minutos. Desde la postura contraria, no voy a dejar que mi hijo decida por sí solo la ropa que se va a poner (decisión niñocentrista) si está nevando fuera. Ya me encargaré yo de hacer una preselección.

En fin, aunque cada vez hay más evidencias científicas de que satisfacer las necesidades (físicas, emocionales, sociales…) de los niñ@s lo más pronto posible repercute positivamente en el desarrollo del bebé hasta su vida adulta, hay que dejar a un lado las críticas y los prejuicios, y respetar la forma de crianza y las decisiones que tome cada familia. Que, como se dice en mi tierra, ‘en todas las casas se cuecen habas’. Y todos, a nuestra forma, intentamos criar a nuestros hij@s lo mejor que podemos.

Y yo estoy muy feliz con mi salón niñ@ friendly! 😉

Madre-Maestra y Maestra-Madre

Llevo una década dedicada a mi labor como docente, casi dos años siendo madre, pero apenas 3 meses siendo maestra y madre. Y creedme cuando digo que ser madre te cambia como persona, y también como profesional.

Ya me dijeron en alguna ocasión cuando tuve a mi bebé que cómo se me notaba que era maestra. La manera de hablarle a mi hijo, los juegos a los que jugábamos, las canciones que cantábamos… Estaba claro, tenía un banco de recursos muy amplio y muchas ideas. Además me interesé por informarme sobre desarrollo evolutivo de los bebés y qué tipo de actividades debía fomentar en cada etapa. Lo llevo dentro, me gusta el mundo infantil.

Pero lo que nunca imaginé era cuánto iba a cambiar mi percepción de los alumnos tras ser madre. Los chicos y chicas del cole dejaron de ser simples alumn@s; desde que me incorporé a trabajar tras mi maternidad los veo como ‘niñ@s’. Dejaron de ser máquinas de aprender para ser personitas evolucionando. Personitas con una historia que les marca su camino. Personitas que son víctimas de su entorno, que maduran a ritmos muy diferentes, que están faltas de afecto y/o atención, que no saben jugar porque nadie les ha enseñado, emocionalmente incompetentes… y mi labor es acompañarles, guiarles, motivarles, escucharles, alentarles y última instancia, enseñarles. Son niñ@s como mi hijo, que por las tardes tiene que ver a los abuelos, ir a clases extraescolares, merendar, jugar, leer, hacer la compra con sus padres, ir al médico… y un sin fin de tareas cotidianas que llenan la vida familiar.

La maternidad me ha convertido en una maestra con una visión más amplia de mi trabajo. La gestión de aula que llevo a cabo es totalmente distinta de la que llevaba cuando empecé. Y, aunque no puedo dedicarle todo el tiempo en casa que dedicaba antes porque mi familia es mi prioridad en estos momentos, me involucro y me comprometo con ellos de una forma más profunda. No quiero decir con esto que ahora sea mejor o que antes fuera peor maestra. Quiero decir que he cambiado, que mi maternidad ha cambiado el tipo de relación que tengo con mis alumnos y la forma de llevar a cabo mi trabajo.

Sí, soy madre y maestra, pero también una maestra – madre.

Booktrailer de ‘280 días’

Estoy superilusionada de poder compartir, en primicia, el booktrailer de mi cuento ‘280 días’. Antes de compartirlo por las redes quería publicarlo aquí, en el blog,

El booktrailer lo ha realizado el equipo de la editorial Okapi Libros. ¡Es precioso! Y está totalmente en sintonía con el cuento. Estoy muy contenta y espero que os guste a todo@s. Si os gusta y os apetece, ayudadme a compartirlo usando el #cuento280días.

 

Mi cuento infantil, ‘280 días’.

Hace tanto tiempo que quería contarlo que ahora, delante del teclado, no sé cómo empezar.

¿Sabéis que dicen que a las embarazadas se nos vuelve más activo el hemisferio del cerebro encargado de la creatividad, el hemisferio derecho? Pues no sé si tuvo algo que ver o no pero, durante aquellos meses de espera, ilusión y algunas noches de insomnio surgieron varios proyectos emocionantes. El primero de ellos fue este blog, para compartir y proyectar mi visión de la vida y los temas que me interesan: el bienestar, la maternidad, la educación y el crecimiento personal. Y el segundo proyecto fue mi cuento, o mejor dicho, su cuento. Porque es la historia de mi bebé, de lo que yo imaginaba que hacía y pensaba dentro de mi barriguita. ‘280 días’ así lo llamé. Un cuento que surgió poco a poco, capítulo a capítulo en mi pequeño cuaderno color naranja. Y cuando terminó se quedó guardado en un cajón hasta que llegó el momento. El momento de ser valiente y enviarlo a varias editoriales. Momento de nervios y de vulnerabilidad. Y tras meses de trabajo, toma de decisiones, dudas… tomó forma. Forma de libro gracias a la editorial Okapi, con ilustraciones preciosas, fruto de la sensibilidad y el talento de Virginia González. Ilustraciones que desprenden toda la ternura que sentí al escribirlo.

‘280 días’ cuenta la historia de Fael, un bebé que, desde el útero materno, nos cuenta cómo vive y qué cosas ocurren ahí dentro. Una historia simpática en la que acompañamos a Fael y a su familia durante 280 días. El tiempo que duró mi embarazo.

‘280 días’ es el regalo perfecto para mujeres embarazadas. También es ideal para familias que quieran hacer partícipes a sus hij@s de la llegada de un herman@ desde el principio del proceso. Y, por último, perfecto para primeros lectores (a partir de 6-7 años).

Espero que los lectores disfruten de esta historia y se sumerjan en sus páginas en familia.

Viajar con niños, ¡cómo ha cambiado la película!

Elegir un destino, los imprescindibles en la maleta, la hora de salida, de llegada, el tipo de alojamiento, la compañía… todo ha cambiado con la llegada del bebé.

Para que te hagas una idea, la alfombra anti deslizante para la bañera se ha convertido en un básico para llevar en la maleta, si no acabas comprando una de urgencia para que tu peque no se resbale en la ducha. ¡Una alfombra anti deslizante! ¡Quién me ha visto y quién me ve! Hace unos años lo imprescindible hubiera sido la máscara de pestañas. ¡Cómo cambias las cosas!

Viajar con un bebé puede ser igual de reconfortante y reparador que cuando viajas sin niños, pero para conseguirlo es necesario hacer algunos cambios y tener al bebé en cuenta en el momento de diseñar tus vacaciones. Se debe cambiar el concepto de ‘ir a toda pastilla y hacer/ver mucho en poco tiempo’ por ‘priorizar, hacer menos y tener más tiempo sin planificar’.

Elegir un destino

La ciudad, playa, montaña… cualquier destino es posible siempre y cuando tu bebé tolere viajar bien. Tener en cuenta si tu hij@ se marea en el coche, si se duerme o si se agobia es decisivo para que el trayecto no sea estresante para él ni para tí. Elige destinos y medios de transporte que tu bebé pueda sobrellevar. Si el viaje es largo, es buena idea hacer una parada a medio camino y pasar un día de descanso. Otro aspecto a tener en cuenta es la oferta de actividades infantiles, viajar con niños es mucho más agradable cuando tienen espacios para divertirse (parques infantiles, piscinas para niños, zoo, zonas verdes…), por lo que hay que reservar parte del día a que tengan sus momentos de diversión.

Hacer el equipaje

Tu maleta se convierte en minimalista, llena de básicos y prendas versátiles: los zapatos que sirve para todo, la camiseta que combina con el vaquero y con la falda arreglada, la cazadora vaquera, etc. Ahora es la maleta del pequeño la que está llena de ‘por sí acasos’: por si hace frío, por si hace calor, por si vomita, por si se mancha, por si hay piscina, por si salimos a cenar..

Yo lo noté especialmente en el neceser. Antes llevaba, además de los productos de aseo, maquillaje, eye liner, sombra de ojos, coloretes, rizador de pestañas, perfumes, varias barras de labios, algodón, desmaquillante, la plancha para el pelo, etc. Ahora como mucho lápiz de ojos y barra de labios. Uso la colonia del peque y me las habío con el secador de la habitación de hotel.

El alojamiento

El alojamiento debe convertirse en un hogar, ya que queremos que nuestr@ hij@ se sienta cómodo para que descanse bien. Por tanto, es mejor elegir lugares con espacios amplios para jugar, ya sea un patio, jardín, una terraza o un balcón amplio. También es importante llevar al viaje juguetes y elementos familiares para tu hij@. Por ejemplo su cuento o peluche favorito, sus juguetes para el baño y un vehículo (correpasillo, moto, coche, bicicleta…) dependiendo de la edad. Estos elementos le darán al apartamento o habitación de hotel ese toque de familiaridad y calidez que le indique a tu hij@ que se encuentra en casa.

Mantener la ‘rutina’

Intentar, en la medida de lo posible, mantener los horarios y rutinas que lleváis a cabo diariamente en casa es fundamental para que el viaje resulte agradable para todos. Hacer las comidas más o menos a la misma hora, el horario de la siesta o de irse a dormir por las noches son algunos ejemplos. A este respecto, nosotros tuvimos de adelantar el horario de las comidas porque mi bebé se agobiaba mucho en el buffet del hotel a la hora que solíamos comer en casa, estaba lleno de gente y de ruido, y no paraba de llorar. Así que, para facilitarle el cambio, íbamos al buffet una hora antes. Estaba más tranquilo y podíamos disfrutar de la comida juntos. Cada niño es diferente y tiene su propio ritmo de adaptación. Por tanto, debemos ser flexibles y adaptarnos a las circunstancias.

A pesar de todo esto, l@s niñ@s son imprevisibles y pueden sorprendernos. Lo normal es que durante los primeros días del viaje, nuestr@s hij@s se muestren algo más inquiet@s y llorones, coman menos o se despiertes más por las noches. Están en un lugar que desconocen y se sientes más inseguros. Pero quédate tranquilo, pues mimándolos, con paciencia y teniendo en cuenta todos estos aspectos podremos disfrutar de unas increíbles vacaciones en familia.

¿Quién nos enseña a ser padres?

La respuesta rápida y sencilla es: ‘nuestros padres‘. Aprendemos de quienes ya tienen la experiencia y la comparten con nosotros, con amor y entrega. Otra respuesta sería: ‘nuestro instinto‘. Nuestra parte animal mamífera sale a relucir en el momento de la maternidad (desde el embarazo) y paternidad. Esa parte que busca la perpetuidad de la especie automáticamente te hace querer proteger a tu bebé.

Y así ha sido siempre. La crianza de un hijo se ha realizado en comunidad, transmitiendo oralmente conocimientos de generación en generación a través de nuestras madres y nuestras abuelas, que a su vez aprendieron de sus madres y sus abuelas, que se guiaban por sus instintos más primarios.

Sin embargo, hoy en día las familias son núcleos más pequeños y, gracias a las nuevas tecnologías y la educación, tenemos a nuestro alcance gran cantidad de información. Por eso nos podemos ver desbordados a la hora de elegir un camino u otro para la crianza y educación de nuestros hijos. La vida, la historia y la ciencia nos demuestra cada día que no sabemos nada. Cada año hay nuevos descubrimientos o salen a la luz nuevos estudios que echan por tierra años de técnicas y métodos hasta entonces perfectamente válidos e instaurados en la vida de cualquier persona. Y no me refiero solo a la crianza de los hijos, sino a cualquier ámbito. Hace años poco se sabía, por ejemplo, de las repercusiones para la salud de un fumador pasivo o que el consumo de azúcar está íntimamente relacionado con la diabetes. Por eso, otra clave para aprender a ser padres es ‘la formación‘.  Los padres de hoy deberíamos informarnos y formarnos en relación a la salud, alimentación y educación de nuestros hijos.

¿Cómo?

Leyendo libros, noticias, revistas, escuchando podcasts, preguntando a profesionales, haciendo cursos, acudiendo a escuelas de padres, asistiendo a talleres o charlas…

Si sólo aprendemos lo que nos enseñan nuestros padres podemos quedar desactualizados, repitiendo sus mismos errores. Si sólo nos fiamos de nuestro instinto deberíamos ser buenos conocedores de la materia para tomar buenas decisiones. Y si sólo aprendemos de los libros probablemente estemos pasando por alto el contexto social y personal. Pues hay libros que están escritos por autores extranjeros que reflejan muy bien la cultura de su país, pero quizás no se ajuste igual a nuestras rutinas, clima o cultura. Por ejemplo, si estás buscando recetas para la alimentación de tu bebé busca autores o apps de tu país que propongan recetas con ingredientes fáciles de encontrar en cualquier supermercado de tu ciudad.

En definitiva, la receta mágica es una mezcla de las tres: nuestros padres, nuestro instinto y nuestra formación. Estos tres ingredientes son la clave para aprender a ser padres, aunque, por supuesto, será tu propio bebé el que vaya marcando el ritmo. Hay mucho ensayo-error en esto de ser padres, pero cuanto menos dejemos a la suerte, mejor. Hay que estar preparado para todo.

Mi vida sin trabajar, un año de excedencia.

Muchos piensan que no trabajar después de convertirte en madre debe ser muy cómodo. Y realmente tiene muchas ventajas, hoy por hoy creo que pedirme una excedencia en mi trabajo para cuidar de mi bebé ha sido la mejor decisión que hemos tomado como familia. Pero también tiene sus inconvenientes. Para abandonar tu vida laboral y dedicarte sólo a la parte familiar hay que estar económica y mentalmente preparada. Ser madre es un trabajo a jornada completa, cargado de horas extras mal pagadas y sin día ni momento de descanso.

Para empezar lo ideal es planificarlo y tener cierto dinero ahorrado para usar durante el tiempo que estés sin trabajar. Ajustarse al nuevo presupuesto implica recortar en gastos y maximizar los recursos que tengas a tu alcance. Un ejemplo sencillo es comer en restaurantes con menos frecuencia y cocinar más en casa, o aceptar más tappers con comida de tu madre 😉. Otro es comprar sólo lo necesario y aprovechar más lo que ya tienes, y esto es aplicable a ropa, complementos, decoración, juguetes, libros, maquillaje… He de decir que, después de tener un bebé, la vida social que tenías antes cae de un plumazo y los eventos sociales a los que acudir se reducen, por tanto también se reducen los gastos que conllevan. Por ejemplo, toda actividad que se haga por la noche yo me la ahorro, porque prefiero que mi bebé mantenga su rutina de la noche.

  • Por otra parte, a nivel físico tu cuerpo sufre, trabajes o no trabajes. Tras un episodio tan intenso como el parto, el cuerpo necesita tiempo para recuperarse y regularse. A esto le añadimos el cargar, coger y portear casi a cada momento el peso de tu bebé 👶🏼. Y, además, no descansar bien, despertarse varias veces en la noche, dormir pocas horas…. Mi consejo siempre es ‘cuídate durante el embarazo y después del parto, entrena y cuida el suelo pélvico. Observa y corrige la postura. Una buena alimentación es primordial también. Y al menor índice de dolor o molestia, acude a un profesional.’ Yo tardé 3 o 4 meses en acudir al traumatólogo y, en consecuencia, fueron casi dos meses de rehabilitación.
  • Finalmente, la parte psicológica es la más complicada de gestionar. Tu ‘yo mamá’ va a ocupar todo tu tiempo, quedando el resto de tu identidad relegada a un recuerdo, al menos durante estos primeros meses de vida del bebé. Es inevitable echar de menos tú ‘yo trabajadora’, ‘yo de fiesta’, ‘yo de perezosa tirada en el sofá ‘… Todas esas partes de la identidad volverán con el tiempo, sólo hay que tener paciencia. Cada etapa requiere unos sacrificios pero la recompensa vale la pena.
  • Además las mujeres de hoy en día no hemos sido educadas para depender económicamente de un hombre sino para ser autónomas y autosuficientes, y hay momentos en los que te sientes cohibida por usar ‘su’ dinero. Aunque sabes que es dinero de los dos, para el uso familiar, a veces te salta el automático.
  • Un sentimiento muy recurrente durante este año ha sido el de sentirme inútil. Inútil por no poder tener la casa cuidada, limpia y ordenada. Inútil porque sentía que mi deber era tener la casa perfecta, ya que no estaba trabajando. Y ahí debo darle las gracias a mi marido por repetirme una y otra vez que no soy ama de casa, que he dejado de trabajar para ser mamá y si da tiempo de hacer algo de la casa bien, pero sino también. Lo más importante es cuidar y criar a nuestro bebé. Y eso hago. Y de tanto repetírmelo ya no me agobio tanto.

El principio de la maternidad es una etapa preciosa, llena de momentos inolvidables y emotivos, pero también es dura y compleja. Así que, queridas mamás, no estamos solas, con el apoyo de nuestros seres queridos y de otras mamás podremos con todo sin perder la cabeza en el intento.

Si alguna vez os habéis sentido así o habéis pasado por una etapa similar me encantaría conocer vuestra experiencia, dejadme un comentario y aprendamos juntos.